LA JRR.
DESAFIOS DE AYER Y DILEMAS DE HOY
Miguel León Prado O.*
Estas modestas líneas de la vieja compañía que quiso convertirse en ejército
y sólo fue un gran batallón.
Nuestro lema de acción. .
POR EL RESCATE DE NUESTRO ESPÍRITU
REVOLUCIONARIO.
INTRODUCCION
Escribir la historia de la Juventud Radical Revolucionaria (JRR) es un acto
que implica riesgos. Me refiero a las interpretaciones. Primero, es argumentar
sobre un tema que, sobre todo los nostálgicos, quisieran reeditar para
despectivamente llamarlo “eso es volver al pasado” como si éste, no fuera fuente
del presente y del futuro. Segundo, porque siempre existen riesgos derivados de
interpretaciones, acomodaticias o sesgadas, interesadas, en desvirtuar los
argumentos que pongan en peligro sus mitómanas explicaciones y aún su falso
pedestal de luchadores democráticos.
Pero lo anterior, no es lo más
importante. Lo que interesa, es dejar testimonio de un merecido homenaje y
reconocimiento a todos los militantes radicales que dieron su vida por lo que
creyeron y aún creen justo y, a los que hoy, engrosan la lista de luchadores
anónimos, testigos desde sus tumbas, de una lucha digna y valiente por una
sociedad mejor, y que aún olvidados, contribuyeron a construir una sociedad sin
dictadura. Aquella fue una etapa de lucha que implicó dejar todo por seguir la
senda de la igualdad y la justicia social.
Se trata, también, de un
reconocimiento a los que no murieron, pero que sobrevivieron, con inmensas
limitaciones, sin reconocimiento alguno, víctimas de una realidad económica
excluyente, que no les permitió encontrar un trabajo digno. No son pocos los
radicales que aún viven en estas condiciones y que nuestra misión es ser
solidario con ellos.
Pero lo más importante, es reconocer ahora, a miles de
radicales que nos acompañaron en nuestro proyecto y nuestra lucha, sobre todo a
los que desinteresadamente creyeron en la JRR y que hoy merecen nuestro mayor
respeto. Sin ese apoyo solidario, nada se hubiera podido hacer. Para los que
quieran seguir esa senda, jamás clausurada y hoy más vigente que nunca, les
recordamos que nada será posible construir sin el cariño del pueblo radical, y
de su organización política. EL PARTIDO RADICAL Y SU JUVENTUD.
I.- LA HISTORIA DE LA JUVENTUD RADICAL REVOLUCIONARIA. COMIENZO E
INTERPRETACION.
El origen de la Juventud Radical Revolucionaria tuvo varias raíces tanto
históricas e ideológicas, como políticas, organizativas y también, humanas.
La Juventud Radical Revolucionaria, se desarrolló en medio de la crisis del
capitalismo en la década de los años 60 del siglo pasado, en medio del
movimiento del mayo francés de 1968; la invasión soviética a la ex
Checoslovaquia para abortar el intento de socialismo democrático de Alexander
Dubcek o la primavera de Praga como se le llamó; la derrota estadounidense en la
guerra de Vietnam; el desarrollo de los movimientos de liberación nacional en el
Tercer Mundo; la revolución cubana con la crisis de los misiles en 1962; el
fracaso de la lucha armada en la región latinoamericana y la muerte de Ernesto
Guevara en Bolivia en l967; el fracaso de la política norteamericana en América
latina y del intento reformista democratacristiano de la “revolución en
libertad” en Chile bajo Eduardo Frei Montalva; el surgimiento de la experiencia
militarista-populista de Velasco Alvarado en Perú. Todos esos grandes sucesos
marcaron, a nuestra Juventud y le dieron mayor fuerza e inspiración política,
por incentivar los cambios internos en el Partido Radical que se debatía en una
postura ambigua y que se requería definirlo frente a estos
acontecimientos.
La revolución cubana, fue un referente de rebeldía y de un
nuevo estado de ánimo, que demostró que era posible luchar y ganar. Construir
una sociedad más justa, inspirándose en el socialismo, adaptándolo a nuestra
cultura latinoamericana y respetando las especificidades nacionales. Fue un
referente en nuestra conducta política que era necesario estudiar y analizar
puesto que la coyuntura lo exigía.
Nuestra juventud percibió, que a partir de
1959, se estableció entre los latinoamericanos, una línea divisoria entre “el
antes y el después”, en su historia política desde las luchas por la
Independencia nacional. Esto influyó en la visión que se tenía del mundo y
fortaleció la decisión de cambiarlo, con una decidida posición antiimperialista,
nacionalista, popular y revolucionaria, que tuvo sus raíces en los escritos de
Simón Bolívar para oponerse a la doctrina Monroe (1823), que declaró “América
para los Americanos”, capaz imponer toda clase de intervenciones en los países
con dictaduras serviles a sus intereses aunado a intervenciones colonialistas e
imperialistas.
Chile, fue una sociedad que desde los años 50 del siglo
pasado, experimentó procesos políticos que repercutieron en su estructura
económica, política y social. Los gobiernos radicales, el populismo ibañista de
la “revolución de la escoba”, la “revolución de los gerentes” del conservador
Jorge Alessandri, la “revolución en libertad” del reformismo de la democracia
cristiana, fueron generando una actitud de disponibilidad política para cambios
sociales más profundos en amplios sectores del movimiento popular y de las capas
medias, especialmente estudiantiles e intelectuales, todo lo cual culminó con el
triunfo de la Unidad Popular y el Presidente Salvador Allende G. en 1970.
El
Partido Radical, ante estos hechos no podía permanecer inerme, neutral, sin voz
ni participación en las transformaciones del mundo y en especial de nuestra
región latinoamericana. Para interpretar estos cambios y adecuarlos a la
realidad, formamos la JRR con una inspiración propia y nacional.
Bajo este
contexto se produce la elección de Salvador Allende. El ambiente político
permitió y aún exigió, dilucidar el nexo, entre los conceptos de libertad,
justicia y cambios sociales. Frente a este desafío, el Partido Radical y su
Juventud, debía tener una respuesta clara y concreta: optar entre impulsar los
cambios y las transformacionales sociales que la sociedad chilena exigía o
mantenerse neutrales e independiente frente a la realidad. Optamos por lo
primero, con todos los riesgos que esa decisión conllevó al interior de nuestro
Partido. Hubo un costo y fuimos capaces de asumirlo. No nos equivocamos.
Recuperamos al radicalismo a sus posiciones originales. No nos arrepentimos de
lo realizado. Creamos una senda doctrinaria inolvidable.
También, nos tocó
vivir los hechos y las contradicciones ideológicas en el seno del movimiento
revolucionario, provocadas por la disidencia china respecto del epicentro
ideológico representado por Moscú, en el seno del movimiento comunista
internacional, y las consecuencias de las revoluciones anticoloniales que se
multiplicaron desde finales de la Segunda Guerra Mundial y muy particularmente
durante los años 60. En nuestros debates internos, el conflicto chino-soviético,
siempre lo interpretamos como una lucha de poder por el control internacional
del movimiento comunista. La historia nos dio la razón en 1990. La Unión
Soviética se desintegra con un golpe de estado y el impacto de este suceso,
cambió profundamente el mapa de poder mundial a finales del siglo XX.
Fue una
época interesante, que puso la idea de revolución “a la orden del día” en el
escenario internacional. Para nosotros en la JRR, o para alguno de nosotros, se
trataba de una revolución, que no era como se sostenía desde la ortodoxia
leninista, la simple expansión geopolítica del llamado “campo socialista” al
amparo de la Unión Soviética, como había ocurrido en la mayoría de los países de
la Europa oriental durante la segunda mitad de los años 40, sino que una
revolución surgida desde las bases populares nacionales, que no se apartaba de
los cánones clásicos de nuestras realidades, pero que mantenía la idea de lucha
decidida que la generación chilena y latinoamericana, había ido creado desde
mucho antes, cuyo anclaje provenía desde la luchas independentistas de nuestras
naciones. Por ello, siempre postulamos, que las “vías de cambio de una sociedad
deben ser nacionales” y estar amparadas por su especificidad histórica,
excluyentes de la extrapolación de modelos ajenos a nuestra propia idiosincrasia
como países,
Por otra parte, el rol que debería cumplir el Partido Radical y
sus dirigentes ante estos acontecimientos, como la participación de las
organizaciones populares, de intelectuales y estudiantes, estimuló y dio origen
a una etapa superior en la convergencia de propósitos comunes desde nuestra
perspectiva generacional, para construir un nuevo proyecto político para el
radicalismo y la sociedad chilena. Esos factores inspiraron nuestra historia
como organización. Tratamos de recoger la gesta de nuestros padres fundadores
del siglo XIX, para adecuarla a la nueva realidad que vivía Chile en la década
de los años setenta del siglo pasado, con talento, audacia y coraje, en el
combate por la transformación social y política que nuestra patria requería para
esa época y que las bases de nuestra organización exigían.
En suma, la
emergencia de la JRR, correspondió a una época plagada de acontecimientos
nacionales e internacionales, en un marco histórico difícil pero que permitió su
avance y desarrollo y puso a prueba su decisión, su actitud, su coraje y su
valor moral, sobre todo su compromiso, con el cambio y la transformación del
Partido Radical.
Ahora bien, analizando los antecedentes históricos que
dieron origen a nuestra organización, el punto de partida se encuentra, en el
período que va entre 1967 a 1969, donde se comienza a incubar la concepción y la
apuesta convergente de una serie de propósitos transformadores del Partido, que
recogían el clamor de la base, no sólo juvenil sino adulta de nuestra
militancia, para tener una nueva respuesta frente a la etapa que vivía el
capitalismo mundial y que indudablemente nos tocaba en carne propia. Escritos
teóricos, estudios en distintas partes del país, declaraciones de asambleas y
parlamentarios, convenciones del Partido y otras propuestas, fueron las fuentes
primigenias de este movimiento, que culminó con el gran encuentro de Concepción
a mediados de 1969, que más tarde se materializaría en la creación de este
referente político ideológico interno la JRR, como ariete transformador del
ideario radical.
II.- NUESTRO POSTULADOS INICIALES.
En esta lucha hubo dos aciertos. El primero, no hubo ruptura con la dirección
nacional del Partido y el segundo, dio origen a una profunda discusión interna,
en todos los espacios partidarios, para incentivar nuestra propuesta, con
respeto y tolerancia, pero también con audacia creadora y firmeza doctrinaria,
sin dogmatismos ni sectarismos. Esta política, intuyó que había “disponibilidad
transformadora” en una vasta parte del pueblo radical, de los trabajadores,
intelectuales y estudiantes militantes. Incluso, fuera del Partido, esta idea
liberadora caló fuertemente en el sentir nacional por nuestra tradición
histórica y cultural, como por la maduración de condiciones internas y
externas.
Con la formación de la Unidad Popular, se cristalizó nuestra idea
de instrumento revolucionario dentro del radicalismo chileno. Empujamos, a
través de la candidatura presidencial de Alberto Baltra Cortés, nuestras
posiciones. Las consolidamos en el triunfo popular y, más tarde, con nuestros
propios candidatos juveniles en las elecciones de Regidores del año 1971, para
culminarla en las parlamentarias de 1973. A muchos de nosotros, nos tocó
participar en la gestación de la candidatura de Salvador Allende, como en
responsabilidades del Gobierno Popular, que supo abrir caminos y dejar lecciones
inapreciables en la realidad agobiante de nuestros pueblos. Esa fue y sigue
siendo para muchos, una experiencia imborrable de aprendizaje permanente, que no
podemos olvidar fácilmente.
Por eso, nadie podría desconocer hoy lo que
fuimos e hicimos en la vanguardia de ese Gobierno que también fue nuestro. El
Partido Radical y la JRR, sus militantes, somos responsables del pasado con sus
aciertos y errores. Fuimos constructores consecuentes con la Unidad Popular.
Nosotros, los cuadros juveniles de dirección radical, empujamos con entusiasmo
esa experiencia, frustrada por el asalto y la usurpación del poder y por las
fuerzas extranjeras que desde Estados Unidos financiaron el golpe, con apoyo y
complicidad interna, con las consecuencias que todo el mundo conoce.
Así fue,
como nuestros postulados iniciales fueron: a) renovación ideológica del
radicalismo chileno. Me refiero, a sacudirse, en cuanto fuese posible, de la
influencia del mundo bipolar de la Guerra Fría, que impactaba negativamente
contra la unidad del movimiento popular chileno. Significaba también, replantear
la posición internacional del Partido en el campo del socialismo mundial y en
particular en la Segunda Internacional como partido miembro, donde existían
posiciones ambivalentes y contradictorias por las características de sus
miembros; b) definir al radicalismo como un partido socialista y democrático,
donde las concepciones del socialismo científico eran un instrumento
metodológico de análisis de la realidad. Recogíamos con ello, las primeras ideas
que a principios del siglo XX, Valentín Letelier esbozó en su polémica con
Enrique Mac-Iver, sobre el papel del radicalismo chileno hacia el primer
centenario de la República. Hoy, en el segundo centenario de la República, estas
ideas mantienen una gran vigencia. Nuestra tarea, es reformularlas y
readecuarlas a nuestra realidad sin renunciar a nuestros principios y c)
trasformar al radicalismo como una organización de centro izquierda,
aglutinadora de una alianza amplia de sectores con un proyecto político nuevo,
nacionalista, innovador y revolucionario.
Con la formación de la Unidad
Popular en enero de 1970, quisimos ver cristalizados esos postulados en su
Programa de gobierno, Nosotros, jóvenes radicales revolucionarios de entonces,
con dignidad y un altivo coraje, nos hicimos parte de una magia tormentosa. El
triunfo de la primera experiencia socialista y democrática en el mundo.
El
golpe de Estado, cercenó muchas de nuestras aspiraciones. Clausuró por 17 años
la discusión política sobre la factibilidad de esa experiencia como JRR. La
tragedia nos robó el futuro que tendremos que rescatar. Quedó inconcluso un
debate, que solo hoy lo retomamos con mayor madurez, experiencia y sabiduría en
nuestras mochilas de militantes y combatientes por un mundo mejor, más justo,
más solidario y equitativo.
Fuimos unos convencidos que entre el dilema
capitalismo o socialismo, era necesario luchar por el segundo para lograr una
sociedad mejor y más justa. En la batalla de las ideas, al interior de nuestro
Partido, ese fue siempre el rumbo y nuestro norte. Muchos hoy, arrepentidos,
fugados del partido, conversos en las ideas, reconocen en privado y en voz baja,
nuestra razón de ser como JRR y la profunda lucha por conducir al radicalismo a
posiciones revolucionarias como los tiempos lo exigían. Fueron ideas que todavía
hay que seguir depurando, desplegando con más fuerza y decisión que antes, con
una mayor experiencia, sacando lecciones de la tragedia que la abyecta tiranía
sembró en la sociedad chilena.
En síntesis, hay un debate al interior de
nuestro Partido que está pendiente. Un debate de ideas, principios e ideología
bajo nuevas realidades y condiciones. Se requiere de nuestra militancia, una
alta generosidad, equilibrio, tolerancia para enfrentarlo. Lo que no se debe
hacer, es renunciar a él, esgrimiendo razones baladíes que nadie comprendería.
Le corresponde hoy al radicalismo, abrir las compuertas de las aguas represadas
por años, para que éstas encuentren su justo cauce, se diseminen y rieguen las
mentes de las nuevas generaciones de jóvenes radicales, que esperan ansiosos una
respuesta a sus inquietudes como militantes y ciudadanos de un país, que debe
enfrentar su realidad despejando mitos mediáticos y estereotipos ajenos a
nuestra idiosincrasia nacional.
III.- EL PRESENTE ES DE LUCHA.
Hoy no debemos desmayar. Estamos en tiempo de ofensiva como antes, cuando
hicimos frente al dilema cambiar o morir. Nuestra batalla es contra el
neo-liberalismo, que ha castrado a nuestro pueblo y a América latina,
esparciendo por el continente la desigualdad, la pobreza, la inseguridad y la
vulnerabilidad de la democracia.
Hoy como militantes de esa JRR y del Partido
Radical, debemos convocarnos para una nueva lucha, contra la injusticia y la
exclusión social de nuestro pueblo, por reformas políticas modernizadoras del
aparato institucional, que acerquen a los ciudadanos a una democracia
participativa y protagónica y no meramente formal y representativa. La
participación de la ciudadanía en la ampliación de la democracia, pasa por
rescatar en la comunidad, la idea del diálogo, de la tolerancia entre los
ciudadanos, de participación desde núcleos más pequeños para resolver sus
problemas hasta fiscalizar los recursos públicos como el presupuesto municipal
por ejemplo. A esto llamamos democracia participativa y social. Pero eso no es
todo. Al Estado hay que descentralizarlo y hacerlo participativo al igual que a
los intermediarios sociales que son los partidos.
El Estado autoritario de la
dictadura no ha desaparecido en su totalidad. Hay que rehacerlo. Es una tarea de
nuestra generación. Para lograrlo en democracia, no hay otra forma sino mediante
un acuerdo político de largo alcance. Ese es el desafío pendiente que nuestro
Partido Radical le debe al pueblo de Chile. El transformar la institucionalidad,
abarca también a los partidos políticos y su práctica social, su forma de
inserción en la sociedad, la necesidad de democratizar sus estructuras internas
y hacerlas vinculantes, con una nueva y moderna realidad, cónsona con los
avances del siglo XXI.
Nuestro Partido en esta lucha, tiene mucho que decir y
hacer como en el pasado. El rescate de nuestro patrimonio histórico, sin
vergüenzas ni amilanamientos, debe ser el principio de un largo camino que
todavía nos queda por recorrer en la política chilena. Esta organización, con
sus nuevas generaciones y sus simpatizantes, debe luchar como lo hicimos
nosotros en la década de los años 60 del siglo pasado, para rescatar al
radicalismo de alianzas agotadas en el tiempo. Ese es un dilema que debemos
abordar y resolver con talento, audacia y creatividad política.
Es hora de
definir y buscar nuestro propio perfil como organización, sin esconder nuestros
principios, nuestra ideología por acomodos burocráticos, oportunismo político y
afanes personalistas. Hay que debatir las nuevas condiciones que presenta la
realidad. Debemos concentrarnos seriamente en un análisis estratégico y de
prospectiva del Partido.
El respaldo ciudadano al radicalismo, se gana con
trabajo y con organización, con creatividad, con audacia y coraje, sin renunciar
a los principios ni a la ideología que es nuestro norte desde hace 151 años.
Este desafío, lo deben encarar las nuevas generaciones de radicales, con
conocimiento y firmeza como lo hicimos nosotros desde la JRR en momentos más
difíciles que ahora.
Hoy debemos inventar frente a la nueva realidad del
siglo XXI. El Partido Radical, su militancia, especialmente la juventud, deben
construir una nueva alternativa como respuesta a los problemas económicos y
sociales de la sociedad chilena, limitada en derechos fundamentales de
educación, previsión, salud, cultura por mencionar algunos de tantos.
Es la
tarea y el desafío. En lo económico se necesita un estado distribuidor, no de
pobreza, sino de mejores ingresos, que le muerda espacios al capitalismo
salvaje, que elimine la desigualdad y los desbalances económicos. Hay que crear
y generar producción para la comunidad y no para los ricos y los conglomerados
transnacionales. Hay que equilibrar la heterogeneidad de los intereses
económicos y sociales con la participación autogestionaria de todos los chilenos
haciendo convergentes diversas formas de propiedad y de relaciones de producción
y consumo. No se trata de “tomar el cielo por asalto”, sino de revisar nuestros
valores de justicia y equidad social aportando en el avance y construcción de
una nueva fuerza política y social, capaz de romper el inmovilismo intelectual y
político de nuestra sociedad.
En lo social, existen demandas sociales que
atender y satisfacer adecuadamente. Saber hacerlo, constituye el mayor y más
complejo problemas que debemos afrontar. Todavía Chile sufre de inequidad.
Nuestro objetivo es alcanzar la justicia social, ampliando y profundizando la
democracia social en todos los campos que le conciernen. Enfatizamos y creemos
como Partido, que la conquista de la justicia social se fortalece en lo público,
donde el interés colectivo en su acción político-social, toma progresivamente
las decisiones claves para su desarrollo, estableciendo una corresponsabilidad
entre el estado y la sociedad en su conjunto, como legítimo y efectivo poder
ciudadano de participación y protagonismo. Por ello, enfatizamos en esta
corresponsabilidad, la incorporación de nuevos actores, destacando la acción
comunitaria, para formular, ejecutar y evaluar políticas públicas y rendición de
cuentas, universalizar los derechos sociales con garantía de equidad, disminuir
las brechas sociales de riqueza, ingreso y calidad de vida de nuestra
población.
El debate político, a comienzos del siglo pasado, lo puso el
radicalismo sobre la mesa: liberalismo o socialismo, con Mac-.Iver y Letelier.
Hoy frente al Segundo Centenario, nuestro desafío debe ser, profundizar en el
humanismo social, la solidaridad, la integración, la participación democrática,
protagónica y refrendaría del pueblo en la toma de decisiones y la
profundización de la descentralización. Estos deben ser nuestros lemas en el
combate político.
Lo que está en juego en la sociedad latinoamericana, es el
humanismo social y solidario, frente a la injusticia creciente, frente a la
exclusión social y los fundamentalismos e integrismos dogmáticos, alentados por
la sociedad de mercado neo-liberal.
En el siglo XXI, el Segundo Centenario de
Chile, requiere de un Partido Radical moderno, sin los viejos vicios del pasado,
depurado de caudillismos, personalismos y egoísmos ramplones. Nuestra tarea, es
construir un instrumento crítico y revolucionario, con valores éticos
irrenunciables. Todo ello amparado en nuestro legado histórico como el mejor
aval para las nuevas generaciones.
IV.- PROPUESTAS GENERALES.
Corresponde formular las siguientes propuestas generales para fortalecer la
vanguardia política que necesitamos:
1.- Crear el Departamento de Doctrina,
con la publicación periódica de documentos de filosofía, doctrina y política del
Partido Radical..
2.- Realizar Foros semestrales por región para capacitación
y desarrollo del pensamiento radical en nuestros militantes y
simpatizantes.
3.- Cada Asamblea Radical realice, por lo menos una vez al
mes, un reunión de formación radical y conocimiento histórico y constitucional
del país.
4.- Publicar una revista semestral y divulgar la historia del
radicalismo en la perspectiva de los nuevos desafíos políticos.
MANOS A LA OBRA. ES NUESTRO TIEMPO.
RADICALES: RECONQUISTAR NUESTRO ESPÍRITU FUNDACIONAL REVOLUCIONARIO.
RADICALES: SIEMPRE DE PIE…. JAMÁS DE RODILLAS
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*Abogado.
Ex dirigente JRR. Profesor Investigador. Facultad de Ciencias Económicas y
Sociales. Universidad Central de Venezuela