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lunes, 5 de abril de 2021
domingo, 12 de abril de 2015
COMENTARIO. LA TERCERA. 12 ABRIL 2015
COMENTARIO.
EL SEÑOR MESA MIENTE Y FALTA A LA VERDAD HISTORICA
Diario la Tercera. Domingo 12/04/2015
1.- No es el espacio para hacer historia conocida. Existen los documentos, donde están establecidos los compromisos entre ambos países: Tratado de Tregua del 4 de abril 1884, firmado en Valparaíso y el Tratado del 20 de octubre 1904. No caben posiciones ambiguas o neutrales, ni menos interpretación sesgada y mal intencionada. Hay que analizarlos detenidamente.
De ellos se desprende, que Chile no tiene situaciones pendientes con Bolivia. El populismo de Evo Morales debería... tener límites. En Chile, lamentablemente existen, personeros que comparten las posturas diletantes, de falsos izquierdistas trasnochados que persisten en hacerle el juego por falta de conocimiento histórico, al gobierno de Bolivia. A ellos hay que hacerle frente con energía y con la normativa jurídica que define claramente lo ocurrido en 1879
2.- Chile tiene una política exterior de principios desde hace un siglo. Ningún partido de la nueva mayoría debería dudar de ello. Quienes sostengan lo contrario, están desconociendo dichos principios y haciéndole el juego a los ignaros jurídicos, y desconociendo el impacto del conflicto armado no provocado por Chile.
Hay que ser prudentes y moderados en las declaraciones, sobre todo, cuando se desconoce a fondo históricamente el tema de la jurisdicción internacional.
La integración de nuestras naciones, no hace violando o interpretando mañosamente los tratados internacionales, para argüir desarrollo. No compremos este pedestre argumento. El desarrollo y crecimiento económico, no depende en tener acceso al mar. Suiza y otros países, son ejemplo de ello. Existe una cultura, una unidad de nación-estado y un sentido de identidad nacional
3.- El gobierno boliviano, especialmente su Vicepresidente, asesorado por "consultores chilenos", insisten en generar conflicto donde no existe. El gobierno de Bachelet, debe ser firme y categórico. Hacer cumplir lo pactado. No vacilar ni ofrecer nada. Se cumple lo acordado y lo reconocido por Bolivia en ambas piezas jurídicas. No llevemos a nuestro pueblo a confusiones mortificantes para deliberadamente dividirnos.
Los opinólogos de la diplomacia del micrófono deben ser sensatos. No seguir acarreando agua al molino con soluciones imaginarias.
4.-El señor Mesa, pretende con su declaración, invalidar nuestra postura jurídica tradicional de respeto a la intangibilidad de los tratados internacionales, cosa que Bolivia nunca tuvo. Chile, desde su formación como estado-nación, respetó e hizo respetar la concepción jurídica de respeto a lo pactado. No fue el caso de Bolivia, sólo para citar un caso, que por su deliberada mala intención de sus gobiernos condujo a la Guerra del Chaco con Paraguay, postergando soluciones, desconociendo lo pactado, impugnando los arbitrajes etc.
5.-Bolivia históricamente, se ha manejado con la táctica de desconocer compromisos y faltar a la verdad jurídica. ¿Qué ocurriría hoy por ejemplo, si Paraguay desconociese el tratado de 1938 que puso fin a la guerra del Chaco demandando a Bolivia?
6.-Está claro, que para estudiar el tema boliviano hay que conocer a fondo el proceder de sus autoridades históricamente. Los zigzagueos diplomáticos, la falta a la verdad y a la palabra empeñada, han sido siempre sus armas en el actuar diplomático La guerra del Chaco fue levantada por Bolivia, ante la pérdida del mar por Chile en 1879, tratando de buscar una recompensa desesperada, para obtener un litoral con una salida al Atlántico. Luego de haber perdido la guerra con Chile, dieron curso a la infeliz idea de buscarla por medio del río Paraguay, penetrando territorio extranjero, enarbolando la bandera boliviana y abriendo hostilidades que culminaron con el conflicto con altas perdidas humanas, mutilados y desaparecidos. Se enfrentaron 250 mil bolivianos a 150 mil soldados paraguayos.
7.-Carlos Mesa miente y falta a la verdad. El lo sabe como también su gobierno, quien ha comenzado la segunda fase de su táctica, que es MENTIR, señalando que existe conflicto con Chile.. Hay dos Tratados que pusieron fin a un conflicto. Es un instrumento jurídico que Bolivia ha reconocido por más de un siglo. Mal se puede argumentar Carlos Mesa, que Chile carece de razones jurídicas. Ello dice muy mal de un ex presidente, que cuando estuvo al frente de su país guardo silencio sepulcral. Lo que este ciudadano hace, no es más que reafirmar, lo que siempre Bolivia ha sostenido. La falta de seriedad y de verdad a su palabra contraída jurídicamente.
La Corte de la Haya debe rechazar la demanda de Bolivia por carecer de un razonamiento jurídico serio, coherente y lógico. Metodológicamente, su hipótesis carece de verosimilitud. Se puede refutar con la verdad jurídica establecida en los instrumentos antes mencionados.
8.-Chile debe alertar al mundo jurídico y político, que los TRATADOS SON INTANGIBLES. No existe de parte del gobierno de Bolivia, ningún argumento en la demanda interpuesta, que demuestre que se le quitó territorio. Este país cazó un pleito donde no tenía la fuerza para sostenerlo. Quiso ganar a costa del Perú. La guerra es suma cero. Sobre lo que se pierde y se reconoce como tal a través de instrumentos jurídicos, no se RECLAMA.
Los tratados y acuerdo internacionales reconocen pérdidas y ganancias. A la Corte no le cabe sino que ratificar lo obrado por la fuente del derecho más importante, el Tratado. Desconocer lo obrado por las partes, significa violentar la legitimidad del derecho internacional, colocando al mundo a las puertas de conflictos futuros que romperían con la jurisdicción universal y el respeto a la convivencia entre Estados.
EL SEÑOR MESA MIENTE Y FALTA A LA VERDAD HISTORICA
Diario la Tercera. Domingo 12/04/2015
1.- No es el espacio para hacer historia conocida. Existen los documentos, donde están establecidos los compromisos entre ambos países: Tratado de Tregua del 4 de abril 1884, firmado en Valparaíso y el Tratado del 20 de octubre 1904. No caben posiciones ambiguas o neutrales, ni menos interpretación sesgada y mal intencionada. Hay que analizarlos detenidamente.
De ellos se desprende, que Chile no tiene situaciones pendientes con Bolivia. El populismo de Evo Morales debería... tener límites. En Chile, lamentablemente existen, personeros que comparten las posturas diletantes, de falsos izquierdistas trasnochados que persisten en hacerle el juego por falta de conocimiento histórico, al gobierno de Bolivia. A ellos hay que hacerle frente con energía y con la normativa jurídica que define claramente lo ocurrido en 1879
2.- Chile tiene una política exterior de principios desde hace un siglo. Ningún partido de la nueva mayoría debería dudar de ello. Quienes sostengan lo contrario, están desconociendo dichos principios y haciéndole el juego a los ignaros jurídicos, y desconociendo el impacto del conflicto armado no provocado por Chile.
Hay que ser prudentes y moderados en las declaraciones, sobre todo, cuando se desconoce a fondo históricamente el tema de la jurisdicción internacional.
La integración de nuestras naciones, no hace violando o interpretando mañosamente los tratados internacionales, para argüir desarrollo. No compremos este pedestre argumento. El desarrollo y crecimiento económico, no depende en tener acceso al mar. Suiza y otros países, son ejemplo de ello. Existe una cultura, una unidad de nación-estado y un sentido de identidad nacional
3.- El gobierno boliviano, especialmente su Vicepresidente, asesorado por "consultores chilenos", insisten en generar conflicto donde no existe. El gobierno de Bachelet, debe ser firme y categórico. Hacer cumplir lo pactado. No vacilar ni ofrecer nada. Se cumple lo acordado y lo reconocido por Bolivia en ambas piezas jurídicas. No llevemos a nuestro pueblo a confusiones mortificantes para deliberadamente dividirnos.
Los opinólogos de la diplomacia del micrófono deben ser sensatos. No seguir acarreando agua al molino con soluciones imaginarias.
4.-El señor Mesa, pretende con su declaración, invalidar nuestra postura jurídica tradicional de respeto a la intangibilidad de los tratados internacionales, cosa que Bolivia nunca tuvo. Chile, desde su formación como estado-nación, respetó e hizo respetar la concepción jurídica de respeto a lo pactado. No fue el caso de Bolivia, sólo para citar un caso, que por su deliberada mala intención de sus gobiernos condujo a la Guerra del Chaco con Paraguay, postergando soluciones, desconociendo lo pactado, impugnando los arbitrajes etc.
5.-Bolivia históricamente, se ha manejado con la táctica de desconocer compromisos y faltar a la verdad jurídica. ¿Qué ocurriría hoy por ejemplo, si Paraguay desconociese el tratado de 1938 que puso fin a la guerra del Chaco demandando a Bolivia?
6.-Está claro, que para estudiar el tema boliviano hay que conocer a fondo el proceder de sus autoridades históricamente. Los zigzagueos diplomáticos, la falta a la verdad y a la palabra empeñada, han sido siempre sus armas en el actuar diplomático La guerra del Chaco fue levantada por Bolivia, ante la pérdida del mar por Chile en 1879, tratando de buscar una recompensa desesperada, para obtener un litoral con una salida al Atlántico. Luego de haber perdido la guerra con Chile, dieron curso a la infeliz idea de buscarla por medio del río Paraguay, penetrando territorio extranjero, enarbolando la bandera boliviana y abriendo hostilidades que culminaron con el conflicto con altas perdidas humanas, mutilados y desaparecidos. Se enfrentaron 250 mil bolivianos a 150 mil soldados paraguayos.
7.-Carlos Mesa miente y falta a la verdad. El lo sabe como también su gobierno, quien ha comenzado la segunda fase de su táctica, que es MENTIR, señalando que existe conflicto con Chile.. Hay dos Tratados que pusieron fin a un conflicto. Es un instrumento jurídico que Bolivia ha reconocido por más de un siglo. Mal se puede argumentar Carlos Mesa, que Chile carece de razones jurídicas. Ello dice muy mal de un ex presidente, que cuando estuvo al frente de su país guardo silencio sepulcral. Lo que este ciudadano hace, no es más que reafirmar, lo que siempre Bolivia ha sostenido. La falta de seriedad y de verdad a su palabra contraída jurídicamente.
La Corte de la Haya debe rechazar la demanda de Bolivia por carecer de un razonamiento jurídico serio, coherente y lógico. Metodológicamente, su hipótesis carece de verosimilitud. Se puede refutar con la verdad jurídica establecida en los instrumentos antes mencionados.
8.-Chile debe alertar al mundo jurídico y político, que los TRATADOS SON INTANGIBLES. No existe de parte del gobierno de Bolivia, ningún argumento en la demanda interpuesta, que demuestre que se le quitó territorio. Este país cazó un pleito donde no tenía la fuerza para sostenerlo. Quiso ganar a costa del Perú. La guerra es suma cero. Sobre lo que se pierde y se reconoce como tal a través de instrumentos jurídicos, no se RECLAMA.
Los tratados y acuerdo internacionales reconocen pérdidas y ganancias. A la Corte no le cabe sino que ratificar lo obrado por la fuente del derecho más importante, el Tratado. Desconocer lo obrado por las partes, significa violentar la legitimidad del derecho internacional, colocando al mundo a las puertas de conflictos futuros que romperían con la jurisdicción universal y el respeto a la convivencia entre Estados.
martes, 7 de abril de 2015
WEBGUERRILLERO: Multitudinarias marchas en Escocia contra sistema ...
WEBGUERRILLERO: Multitudinarias marchas en Escocia contra sistema ...: Manifestación antinuclear en Escocia. Miles de escoceses tomaron as calles de la ciudad de Glasgow, en Escocia para protestar contra l...
sábado, 28 de marzo de 2015
LA JRR. DESAFIOS DE AYER Y DILEMAS DE HOY
LA JRR.
DESAFIOS DE AYER Y DILEMAS DE HOY
Miguel León Prado O.*
Estas modestas líneas de la vieja compañía que quiso convertirse en ejército y sólo fue un gran batallón.
Nuestro lema de acción. .
POR EL RESCATE DE NUESTRO ESPÍRITU REVOLUCIONARIO.
INTRODUCCION
Escribir la historia de la Juventud Radical Revolucionaria (JRR) es un acto que implica riesgos. Me refiero a las interpretaciones. Primero, es argumentar sobre un tema que, sobre todo los nostálgicos, quisieran reeditar para despectivamente llamarlo “eso es volver al pasado” como si éste, no fuera fuente del presente y del futuro. Segundo, porque siempre existen riesgos derivados de interpretaciones, acomodaticias o sesgadas, interesadas, en desvirtuar los argumentos que pongan en peligro sus mitómanas explicaciones y aún su falso pedestal de luchadores democráticos.
Pero lo anterior, no es lo más importante. Lo que interesa, es dejar testimonio de un merecido homenaje y reconocimiento a todos los militantes radicales que dieron su vida por lo que creyeron y aún creen justo y, a los que hoy, engrosan la lista de luchadores anónimos, testigos desde sus tumbas, de una lucha digna y valiente por una sociedad mejor, y que aún olvidados, contribuyeron a construir una sociedad sin dictadura. Aquella fue una etapa de lucha que implicó dejar todo por seguir la senda de la igualdad y la justicia social.
Se trata, también, de un reconocimiento a los que no murieron, pero que sobrevivieron, con inmensas limitaciones, sin reconocimiento alguno, víctimas de una realidad económica excluyente, que no les permitió encontrar un trabajo digno. No son pocos los radicales que aún viven en estas condiciones y que nuestra misión es ser solidario con ellos.
Pero lo más importante, es reconocer ahora, a miles de radicales que nos acompañaron en nuestro proyecto y nuestra lucha, sobre todo a los que desinteresadamente creyeron en la JRR y que hoy merecen nuestro mayor respeto. Sin ese apoyo solidario, nada se hubiera podido hacer. Para los que quieran seguir esa senda, jamás clausurada y hoy más vigente que nunca, les recordamos que nada será posible construir sin el cariño del pueblo radical, y de su organización política. EL PARTIDO RADICAL Y SU JUVENTUD.
I.- LA HISTORIA DE LA JUVENTUD RADICAL REVOLUCIONARIA. COMIENZO E INTERPRETACION.
El origen de la Juventud Radical Revolucionaria tuvo varias raíces tanto históricas e ideológicas, como políticas, organizativas y también, humanas.
La Juventud Radical Revolucionaria, se desarrolló en medio de la crisis del capitalismo en la década de los años 60 del siglo pasado, en medio del movimiento del mayo francés de 1968; la invasión soviética a la ex Checoslovaquia para abortar el intento de socialismo democrático de Alexander Dubcek o la primavera de Praga como se le llamó; la derrota estadounidense en la guerra de Vietnam; el desarrollo de los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo; la revolución cubana con la crisis de los misiles en 1962; el fracaso de la lucha armada en la región latinoamericana y la muerte de Ernesto Guevara en Bolivia en l967; el fracaso de la política norteamericana en América latina y del intento reformista democratacristiano de la “revolución en libertad” en Chile bajo Eduardo Frei Montalva; el surgimiento de la experiencia militarista-populista de Velasco Alvarado en Perú. Todos esos grandes sucesos marcaron, a nuestra Juventud y le dieron mayor fuerza e inspiración política, por incentivar los cambios internos en el Partido Radical que se debatía en una postura ambigua y que se requería definirlo frente a estos acontecimientos.
La revolución cubana, fue un referente de rebeldía y de un nuevo estado de ánimo, que demostró que era posible luchar y ganar. Construir una sociedad más justa, inspirándose en el socialismo, adaptándolo a nuestra cultura latinoamericana y respetando las especificidades nacionales. Fue un referente en nuestra conducta política que era necesario estudiar y analizar puesto que la coyuntura lo exigía.
Nuestra juventud percibió, que a partir de 1959, se estableció entre los latinoamericanos, una línea divisoria entre “el antes y el después”, en su historia política desde las luchas por la Independencia nacional. Esto influyó en la visión que se tenía del mundo y fortaleció la decisión de cambiarlo, con una decidida posición antiimperialista, nacionalista, popular y revolucionaria, que tuvo sus raíces en los escritos de Simón Bolívar para oponerse a la doctrina Monroe (1823), que declaró “América para los Americanos”, capaz imponer toda clase de intervenciones en los países con dictaduras serviles a sus intereses aunado a intervenciones colonialistas e imperialistas.
Chile, fue una sociedad que desde los años 50 del siglo pasado, experimentó procesos políticos que repercutieron en su estructura económica, política y social. Los gobiernos radicales, el populismo ibañista de la “revolución de la escoba”, la “revolución de los gerentes” del conservador Jorge Alessandri, la “revolución en libertad” del reformismo de la democracia cristiana, fueron generando una actitud de disponibilidad política para cambios sociales más profundos en amplios sectores del movimiento popular y de las capas medias, especialmente estudiantiles e intelectuales, todo lo cual culminó con el triunfo de la Unidad Popular y el Presidente Salvador Allende G. en 1970.
El Partido Radical, ante estos hechos no podía permanecer inerme, neutral, sin voz ni participación en las transformaciones del mundo y en especial de nuestra región latinoamericana. Para interpretar estos cambios y adecuarlos a la realidad, formamos la JRR con una inspiración propia y nacional.
Bajo este contexto se produce la elección de Salvador Allende. El ambiente político permitió y aún exigió, dilucidar el nexo, entre los conceptos de libertad, justicia y cambios sociales. Frente a este desafío, el Partido Radical y su Juventud, debía tener una respuesta clara y concreta: optar entre impulsar los cambios y las transformacionales sociales que la sociedad chilena exigía o mantenerse neutrales e independiente frente a la realidad. Optamos por lo primero, con todos los riesgos que esa decisión conllevó al interior de nuestro Partido. Hubo un costo y fuimos capaces de asumirlo. No nos equivocamos. Recuperamos al radicalismo a sus posiciones originales. No nos arrepentimos de lo realizado. Creamos una senda doctrinaria inolvidable.
También, nos tocó vivir los hechos y las contradicciones ideológicas en el seno del movimiento revolucionario, provocadas por la disidencia china respecto del epicentro ideológico representado por Moscú, en el seno del movimiento comunista internacional, y las consecuencias de las revoluciones anticoloniales que se multiplicaron desde finales de la Segunda Guerra Mundial y muy particularmente durante los años 60. En nuestros debates internos, el conflicto chino-soviético, siempre lo interpretamos como una lucha de poder por el control internacional del movimiento comunista. La historia nos dio la razón en 1990. La Unión Soviética se desintegra con un golpe de estado y el impacto de este suceso, cambió profundamente el mapa de poder mundial a finales del siglo XX.
Fue una época interesante, que puso la idea de revolución “a la orden del día” en el escenario internacional. Para nosotros en la JRR, o para alguno de nosotros, se trataba de una revolución, que no era como se sostenía desde la ortodoxia leninista, la simple expansión geopolítica del llamado “campo socialista” al amparo de la Unión Soviética, como había ocurrido en la mayoría de los países de la Europa oriental durante la segunda mitad de los años 40, sino que una revolución surgida desde las bases populares nacionales, que no se apartaba de los cánones clásicos de nuestras realidades, pero que mantenía la idea de lucha decidida que la generación chilena y latinoamericana, había ido creado desde mucho antes, cuyo anclaje provenía desde la luchas independentistas de nuestras naciones. Por ello, siempre postulamos, que las “vías de cambio de una sociedad deben ser nacionales” y estar amparadas por su especificidad histórica, excluyentes de la extrapolación de modelos ajenos a nuestra propia idiosincrasia como países,
Por otra parte, el rol que debería cumplir el Partido Radical y sus dirigentes ante estos acontecimientos, como la participación de las organizaciones populares, de intelectuales y estudiantes, estimuló y dio origen a una etapa superior en la convergencia de propósitos comunes desde nuestra perspectiva generacional, para construir un nuevo proyecto político para el radicalismo y la sociedad chilena. Esos factores inspiraron nuestra historia como organización. Tratamos de recoger la gesta de nuestros padres fundadores del siglo XIX, para adecuarla a la nueva realidad que vivía Chile en la década de los años setenta del siglo pasado, con talento, audacia y coraje, en el combate por la transformación social y política que nuestra patria requería para esa época y que las bases de nuestra organización exigían.
En suma, la emergencia de la JRR, correspondió a una época plagada de acontecimientos nacionales e internacionales, en un marco histórico difícil pero que permitió su avance y desarrollo y puso a prueba su decisión, su actitud, su coraje y su valor moral, sobre todo su compromiso, con el cambio y la transformación del Partido Radical.
Ahora bien, analizando los antecedentes históricos que dieron origen a nuestra organización, el punto de partida se encuentra, en el período que va entre 1967 a 1969, donde se comienza a incubar la concepción y la apuesta convergente de una serie de propósitos transformadores del Partido, que recogían el clamor de la base, no sólo juvenil sino adulta de nuestra militancia, para tener una nueva respuesta frente a la etapa que vivía el capitalismo mundial y que indudablemente nos tocaba en carne propia. Escritos teóricos, estudios en distintas partes del país, declaraciones de asambleas y parlamentarios, convenciones del Partido y otras propuestas, fueron las fuentes primigenias de este movimiento, que culminó con el gran encuentro de Concepción a mediados de 1969, que más tarde se materializaría en la creación de este referente político ideológico interno la JRR, como ariete transformador del ideario radical.
II.- NUESTRO POSTULADOS INICIALES.
En esta lucha hubo dos aciertos. El primero, no hubo ruptura con la dirección nacional del Partido y el segundo, dio origen a una profunda discusión interna, en todos los espacios partidarios, para incentivar nuestra propuesta, con respeto y tolerancia, pero también con audacia creadora y firmeza doctrinaria, sin dogmatismos ni sectarismos. Esta política, intuyó que había “disponibilidad transformadora” en una vasta parte del pueblo radical, de los trabajadores, intelectuales y estudiantes militantes. Incluso, fuera del Partido, esta idea liberadora caló fuertemente en el sentir nacional por nuestra tradición histórica y cultural, como por la maduración de condiciones internas y externas.
Con la formación de la Unidad Popular, se cristalizó nuestra idea de instrumento revolucionario dentro del radicalismo chileno. Empujamos, a través de la candidatura presidencial de Alberto Baltra Cortés, nuestras posiciones. Las consolidamos en el triunfo popular y, más tarde, con nuestros propios candidatos juveniles en las elecciones de Regidores del año 1971, para culminarla en las parlamentarias de 1973. A muchos de nosotros, nos tocó participar en la gestación de la candidatura de Salvador Allende, como en responsabilidades del Gobierno Popular, que supo abrir caminos y dejar lecciones inapreciables en la realidad agobiante de nuestros pueblos. Esa fue y sigue siendo para muchos, una experiencia imborrable de aprendizaje permanente, que no podemos olvidar fácilmente.
Por eso, nadie podría desconocer hoy lo que fuimos e hicimos en la vanguardia de ese Gobierno que también fue nuestro. El Partido Radical y la JRR, sus militantes, somos responsables del pasado con sus aciertos y errores. Fuimos constructores consecuentes con la Unidad Popular. Nosotros, los cuadros juveniles de dirección radical, empujamos con entusiasmo esa experiencia, frustrada por el asalto y la usurpación del poder y por las fuerzas extranjeras que desde Estados Unidos financiaron el golpe, con apoyo y complicidad interna, con las consecuencias que todo el mundo conoce.
Así fue, como nuestros postulados iniciales fueron: a) renovación ideológica del radicalismo chileno. Me refiero, a sacudirse, en cuanto fuese posible, de la influencia del mundo bipolar de la Guerra Fría, que impactaba negativamente contra la unidad del movimiento popular chileno. Significaba también, replantear la posición internacional del Partido en el campo del socialismo mundial y en particular en la Segunda Internacional como partido miembro, donde existían posiciones ambivalentes y contradictorias por las características de sus miembros; b) definir al radicalismo como un partido socialista y democrático, donde las concepciones del socialismo científico eran un instrumento metodológico de análisis de la realidad. Recogíamos con ello, las primeras ideas que a principios del siglo XX, Valentín Letelier esbozó en su polémica con Enrique Mac-Iver, sobre el papel del radicalismo chileno hacia el primer centenario de la República. Hoy, en el segundo centenario de la República, estas ideas mantienen una gran vigencia. Nuestra tarea, es reformularlas y readecuarlas a nuestra realidad sin renunciar a nuestros principios y c) trasformar al radicalismo como una organización de centro izquierda, aglutinadora de una alianza amplia de sectores con un proyecto político nuevo, nacionalista, innovador y revolucionario.
Con la formación de la Unidad Popular en enero de 1970, quisimos ver cristalizados esos postulados en su Programa de gobierno, Nosotros, jóvenes radicales revolucionarios de entonces, con dignidad y un altivo coraje, nos hicimos parte de una magia tormentosa. El triunfo de la primera experiencia socialista y democrática en el mundo.
El golpe de Estado, cercenó muchas de nuestras aspiraciones. Clausuró por 17 años la discusión política sobre la factibilidad de esa experiencia como JRR. La tragedia nos robó el futuro que tendremos que rescatar. Quedó inconcluso un debate, que solo hoy lo retomamos con mayor madurez, experiencia y sabiduría en nuestras mochilas de militantes y combatientes por un mundo mejor, más justo, más solidario y equitativo.
Fuimos unos convencidos que entre el dilema capitalismo o socialismo, era necesario luchar por el segundo para lograr una sociedad mejor y más justa. En la batalla de las ideas, al interior de nuestro Partido, ese fue siempre el rumbo y nuestro norte. Muchos hoy, arrepentidos, fugados del partido, conversos en las ideas, reconocen en privado y en voz baja, nuestra razón de ser como JRR y la profunda lucha por conducir al radicalismo a posiciones revolucionarias como los tiempos lo exigían. Fueron ideas que todavía hay que seguir depurando, desplegando con más fuerza y decisión que antes, con una mayor experiencia, sacando lecciones de la tragedia que la abyecta tiranía sembró en la sociedad chilena.
En síntesis, hay un debate al interior de nuestro Partido que está pendiente. Un debate de ideas, principios e ideología bajo nuevas realidades y condiciones. Se requiere de nuestra militancia, una alta generosidad, equilibrio, tolerancia para enfrentarlo. Lo que no se debe hacer, es renunciar a él, esgrimiendo razones baladíes que nadie comprendería. Le corresponde hoy al radicalismo, abrir las compuertas de las aguas represadas por años, para que éstas encuentren su justo cauce, se diseminen y rieguen las mentes de las nuevas generaciones de jóvenes radicales, que esperan ansiosos una respuesta a sus inquietudes como militantes y ciudadanos de un país, que debe enfrentar su realidad despejando mitos mediáticos y estereotipos ajenos a nuestra idiosincrasia nacional.
III.- EL PRESENTE ES DE LUCHA.
Hoy no debemos desmayar. Estamos en tiempo de ofensiva como antes, cuando hicimos frente al dilema cambiar o morir. Nuestra batalla es contra el neo-liberalismo, que ha castrado a nuestro pueblo y a América latina, esparciendo por el continente la desigualdad, la pobreza, la inseguridad y la vulnerabilidad de la democracia.
Hoy como militantes de esa JRR y del Partido Radical, debemos convocarnos para una nueva lucha, contra la injusticia y la exclusión social de nuestro pueblo, por reformas políticas modernizadoras del aparato institucional, que acerquen a los ciudadanos a una democracia participativa y protagónica y no meramente formal y representativa. La participación de la ciudadanía en la ampliación de la democracia, pasa por rescatar en la comunidad, la idea del diálogo, de la tolerancia entre los ciudadanos, de participación desde núcleos más pequeños para resolver sus problemas hasta fiscalizar los recursos públicos como el presupuesto municipal por ejemplo. A esto llamamos democracia participativa y social. Pero eso no es todo. Al Estado hay que descentralizarlo y hacerlo participativo al igual que a los intermediarios sociales que son los partidos.
El Estado autoritario de la dictadura no ha desaparecido en su totalidad. Hay que rehacerlo. Es una tarea de nuestra generación. Para lograrlo en democracia, no hay otra forma sino mediante un acuerdo político de largo alcance. Ese es el desafío pendiente que nuestro Partido Radical le debe al pueblo de Chile. El transformar la institucionalidad, abarca también a los partidos políticos y su práctica social, su forma de inserción en la sociedad, la necesidad de democratizar sus estructuras internas y hacerlas vinculantes, con una nueva y moderna realidad, cónsona con los avances del siglo XXI.
Nuestro Partido en esta lucha, tiene mucho que decir y hacer como en el pasado. El rescate de nuestro patrimonio histórico, sin vergüenzas ni amilanamientos, debe ser el principio de un largo camino que todavía nos queda por recorrer en la política chilena. Esta organización, con sus nuevas generaciones y sus simpatizantes, debe luchar como lo hicimos nosotros en la década de los años 60 del siglo pasado, para rescatar al radicalismo de alianzas agotadas en el tiempo. Ese es un dilema que debemos abordar y resolver con talento, audacia y creatividad política.
Es hora de definir y buscar nuestro propio perfil como organización, sin esconder nuestros principios, nuestra ideología por acomodos burocráticos, oportunismo político y afanes personalistas. Hay que debatir las nuevas condiciones que presenta la realidad. Debemos concentrarnos seriamente en un análisis estratégico y de prospectiva del Partido.
El respaldo ciudadano al radicalismo, se gana con trabajo y con organización, con creatividad, con audacia y coraje, sin renunciar a los principios ni a la ideología que es nuestro norte desde hace 151 años. Este desafío, lo deben encarar las nuevas generaciones de radicales, con conocimiento y firmeza como lo hicimos nosotros desde la JRR en momentos más difíciles que ahora.
Hoy debemos inventar frente a la nueva realidad del siglo XXI. El Partido Radical, su militancia, especialmente la juventud, deben construir una nueva alternativa como respuesta a los problemas económicos y sociales de la sociedad chilena, limitada en derechos fundamentales de educación, previsión, salud, cultura por mencionar algunos de tantos.
Es la tarea y el desafío. En lo económico se necesita un estado distribuidor, no de pobreza, sino de mejores ingresos, que le muerda espacios al capitalismo salvaje, que elimine la desigualdad y los desbalances económicos. Hay que crear y generar producción para la comunidad y no para los ricos y los conglomerados transnacionales. Hay que equilibrar la heterogeneidad de los intereses económicos y sociales con la participación autogestionaria de todos los chilenos haciendo convergentes diversas formas de propiedad y de relaciones de producción y consumo. No se trata de “tomar el cielo por asalto”, sino de revisar nuestros valores de justicia y equidad social aportando en el avance y construcción de una nueva fuerza política y social, capaz de romper el inmovilismo intelectual y político de nuestra sociedad.
En lo social, existen demandas sociales que atender y satisfacer adecuadamente. Saber hacerlo, constituye el mayor y más complejo problemas que debemos afrontar. Todavía Chile sufre de inequidad. Nuestro objetivo es alcanzar la justicia social, ampliando y profundizando la democracia social en todos los campos que le conciernen. Enfatizamos y creemos como Partido, que la conquista de la justicia social se fortalece en lo público, donde el interés colectivo en su acción político-social, toma progresivamente las decisiones claves para su desarrollo, estableciendo una corresponsabilidad entre el estado y la sociedad en su conjunto, como legítimo y efectivo poder ciudadano de participación y protagonismo. Por ello, enfatizamos en esta corresponsabilidad, la incorporación de nuevos actores, destacando la acción comunitaria, para formular, ejecutar y evaluar políticas públicas y rendición de cuentas, universalizar los derechos sociales con garantía de equidad, disminuir las brechas sociales de riqueza, ingreso y calidad de vida de nuestra población.
El debate político, a comienzos del siglo pasado, lo puso el radicalismo sobre la mesa: liberalismo o socialismo, con Mac-.Iver y Letelier. Hoy frente al Segundo Centenario, nuestro desafío debe ser, profundizar en el humanismo social, la solidaridad, la integración, la participación democrática, protagónica y refrendaría del pueblo en la toma de decisiones y la profundización de la descentralización. Estos deben ser nuestros lemas en el combate político.
Lo que está en juego en la sociedad latinoamericana, es el humanismo social y solidario, frente a la injusticia creciente, frente a la exclusión social y los fundamentalismos e integrismos dogmáticos, alentados por la sociedad de mercado neo-liberal.
En el siglo XXI, el Segundo Centenario de Chile, requiere de un Partido Radical moderno, sin los viejos vicios del pasado, depurado de caudillismos, personalismos y egoísmos ramplones. Nuestra tarea, es construir un instrumento crítico y revolucionario, con valores éticos irrenunciables. Todo ello amparado en nuestro legado histórico como el mejor aval para las nuevas generaciones.
IV.- PROPUESTAS GENERALES.
Corresponde formular las siguientes propuestas generales para fortalecer la vanguardia política que necesitamos:
1.- Crear el Departamento de Doctrina, con la publicación periódica de documentos de filosofía, doctrina y política del Partido Radical..
2.- Realizar Foros semestrales por región para capacitación y desarrollo del pensamiento radical en nuestros militantes y simpatizantes.
3.- Cada Asamblea Radical realice, por lo menos una vez al mes, un reunión de formación radical y conocimiento histórico y constitucional del país.
4.- Publicar una revista semestral y divulgar la historia del radicalismo en la perspectiva de los nuevos desafíos políticos.
MANOS A LA OBRA. ES NUESTRO TIEMPO.
RADICALES: RECONQUISTAR NUESTRO ESPÍRITU FUNDACIONAL REVOLUCIONARIO.
RADICALES: SIEMPRE DE PIE…. JAMÁS DE RODILLAS
______________
*Abogado. Ex dirigente JRR. Profesor Investigador. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de Venezuela
DESAFIOS DE AYER Y DILEMAS DE HOY
Miguel León Prado O.*
Estas modestas líneas de la vieja compañía que quiso convertirse en ejército y sólo fue un gran batallón.
Nuestro lema de acción. .
POR EL RESCATE DE NUESTRO ESPÍRITU REVOLUCIONARIO.
INTRODUCCION
Escribir la historia de la Juventud Radical Revolucionaria (JRR) es un acto que implica riesgos. Me refiero a las interpretaciones. Primero, es argumentar sobre un tema que, sobre todo los nostálgicos, quisieran reeditar para despectivamente llamarlo “eso es volver al pasado” como si éste, no fuera fuente del presente y del futuro. Segundo, porque siempre existen riesgos derivados de interpretaciones, acomodaticias o sesgadas, interesadas, en desvirtuar los argumentos que pongan en peligro sus mitómanas explicaciones y aún su falso pedestal de luchadores democráticos.
Pero lo anterior, no es lo más importante. Lo que interesa, es dejar testimonio de un merecido homenaje y reconocimiento a todos los militantes radicales que dieron su vida por lo que creyeron y aún creen justo y, a los que hoy, engrosan la lista de luchadores anónimos, testigos desde sus tumbas, de una lucha digna y valiente por una sociedad mejor, y que aún olvidados, contribuyeron a construir una sociedad sin dictadura. Aquella fue una etapa de lucha que implicó dejar todo por seguir la senda de la igualdad y la justicia social.
Se trata, también, de un reconocimiento a los que no murieron, pero que sobrevivieron, con inmensas limitaciones, sin reconocimiento alguno, víctimas de una realidad económica excluyente, que no les permitió encontrar un trabajo digno. No son pocos los radicales que aún viven en estas condiciones y que nuestra misión es ser solidario con ellos.
Pero lo más importante, es reconocer ahora, a miles de radicales que nos acompañaron en nuestro proyecto y nuestra lucha, sobre todo a los que desinteresadamente creyeron en la JRR y que hoy merecen nuestro mayor respeto. Sin ese apoyo solidario, nada se hubiera podido hacer. Para los que quieran seguir esa senda, jamás clausurada y hoy más vigente que nunca, les recordamos que nada será posible construir sin el cariño del pueblo radical, y de su organización política. EL PARTIDO RADICAL Y SU JUVENTUD.
I.- LA HISTORIA DE LA JUVENTUD RADICAL REVOLUCIONARIA. COMIENZO E INTERPRETACION.
El origen de la Juventud Radical Revolucionaria tuvo varias raíces tanto históricas e ideológicas, como políticas, organizativas y también, humanas.
La Juventud Radical Revolucionaria, se desarrolló en medio de la crisis del capitalismo en la década de los años 60 del siglo pasado, en medio del movimiento del mayo francés de 1968; la invasión soviética a la ex Checoslovaquia para abortar el intento de socialismo democrático de Alexander Dubcek o la primavera de Praga como se le llamó; la derrota estadounidense en la guerra de Vietnam; el desarrollo de los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo; la revolución cubana con la crisis de los misiles en 1962; el fracaso de la lucha armada en la región latinoamericana y la muerte de Ernesto Guevara en Bolivia en l967; el fracaso de la política norteamericana en América latina y del intento reformista democratacristiano de la “revolución en libertad” en Chile bajo Eduardo Frei Montalva; el surgimiento de la experiencia militarista-populista de Velasco Alvarado en Perú. Todos esos grandes sucesos marcaron, a nuestra Juventud y le dieron mayor fuerza e inspiración política, por incentivar los cambios internos en el Partido Radical que se debatía en una postura ambigua y que se requería definirlo frente a estos acontecimientos.
La revolución cubana, fue un referente de rebeldía y de un nuevo estado de ánimo, que demostró que era posible luchar y ganar. Construir una sociedad más justa, inspirándose en el socialismo, adaptándolo a nuestra cultura latinoamericana y respetando las especificidades nacionales. Fue un referente en nuestra conducta política que era necesario estudiar y analizar puesto que la coyuntura lo exigía.
Nuestra juventud percibió, que a partir de 1959, se estableció entre los latinoamericanos, una línea divisoria entre “el antes y el después”, en su historia política desde las luchas por la Independencia nacional. Esto influyó en la visión que se tenía del mundo y fortaleció la decisión de cambiarlo, con una decidida posición antiimperialista, nacionalista, popular y revolucionaria, que tuvo sus raíces en los escritos de Simón Bolívar para oponerse a la doctrina Monroe (1823), que declaró “América para los Americanos”, capaz imponer toda clase de intervenciones en los países con dictaduras serviles a sus intereses aunado a intervenciones colonialistas e imperialistas.
Chile, fue una sociedad que desde los años 50 del siglo pasado, experimentó procesos políticos que repercutieron en su estructura económica, política y social. Los gobiernos radicales, el populismo ibañista de la “revolución de la escoba”, la “revolución de los gerentes” del conservador Jorge Alessandri, la “revolución en libertad” del reformismo de la democracia cristiana, fueron generando una actitud de disponibilidad política para cambios sociales más profundos en amplios sectores del movimiento popular y de las capas medias, especialmente estudiantiles e intelectuales, todo lo cual culminó con el triunfo de la Unidad Popular y el Presidente Salvador Allende G. en 1970.
El Partido Radical, ante estos hechos no podía permanecer inerme, neutral, sin voz ni participación en las transformaciones del mundo y en especial de nuestra región latinoamericana. Para interpretar estos cambios y adecuarlos a la realidad, formamos la JRR con una inspiración propia y nacional.
Bajo este contexto se produce la elección de Salvador Allende. El ambiente político permitió y aún exigió, dilucidar el nexo, entre los conceptos de libertad, justicia y cambios sociales. Frente a este desafío, el Partido Radical y su Juventud, debía tener una respuesta clara y concreta: optar entre impulsar los cambios y las transformacionales sociales que la sociedad chilena exigía o mantenerse neutrales e independiente frente a la realidad. Optamos por lo primero, con todos los riesgos que esa decisión conllevó al interior de nuestro Partido. Hubo un costo y fuimos capaces de asumirlo. No nos equivocamos. Recuperamos al radicalismo a sus posiciones originales. No nos arrepentimos de lo realizado. Creamos una senda doctrinaria inolvidable.
También, nos tocó vivir los hechos y las contradicciones ideológicas en el seno del movimiento revolucionario, provocadas por la disidencia china respecto del epicentro ideológico representado por Moscú, en el seno del movimiento comunista internacional, y las consecuencias de las revoluciones anticoloniales que se multiplicaron desde finales de la Segunda Guerra Mundial y muy particularmente durante los años 60. En nuestros debates internos, el conflicto chino-soviético, siempre lo interpretamos como una lucha de poder por el control internacional del movimiento comunista. La historia nos dio la razón en 1990. La Unión Soviética se desintegra con un golpe de estado y el impacto de este suceso, cambió profundamente el mapa de poder mundial a finales del siglo XX.
Fue una época interesante, que puso la idea de revolución “a la orden del día” en el escenario internacional. Para nosotros en la JRR, o para alguno de nosotros, se trataba de una revolución, que no era como se sostenía desde la ortodoxia leninista, la simple expansión geopolítica del llamado “campo socialista” al amparo de la Unión Soviética, como había ocurrido en la mayoría de los países de la Europa oriental durante la segunda mitad de los años 40, sino que una revolución surgida desde las bases populares nacionales, que no se apartaba de los cánones clásicos de nuestras realidades, pero que mantenía la idea de lucha decidida que la generación chilena y latinoamericana, había ido creado desde mucho antes, cuyo anclaje provenía desde la luchas independentistas de nuestras naciones. Por ello, siempre postulamos, que las “vías de cambio de una sociedad deben ser nacionales” y estar amparadas por su especificidad histórica, excluyentes de la extrapolación de modelos ajenos a nuestra propia idiosincrasia como países,
Por otra parte, el rol que debería cumplir el Partido Radical y sus dirigentes ante estos acontecimientos, como la participación de las organizaciones populares, de intelectuales y estudiantes, estimuló y dio origen a una etapa superior en la convergencia de propósitos comunes desde nuestra perspectiva generacional, para construir un nuevo proyecto político para el radicalismo y la sociedad chilena. Esos factores inspiraron nuestra historia como organización. Tratamos de recoger la gesta de nuestros padres fundadores del siglo XIX, para adecuarla a la nueva realidad que vivía Chile en la década de los años setenta del siglo pasado, con talento, audacia y coraje, en el combate por la transformación social y política que nuestra patria requería para esa época y que las bases de nuestra organización exigían.
En suma, la emergencia de la JRR, correspondió a una época plagada de acontecimientos nacionales e internacionales, en un marco histórico difícil pero que permitió su avance y desarrollo y puso a prueba su decisión, su actitud, su coraje y su valor moral, sobre todo su compromiso, con el cambio y la transformación del Partido Radical.
Ahora bien, analizando los antecedentes históricos que dieron origen a nuestra organización, el punto de partida se encuentra, en el período que va entre 1967 a 1969, donde se comienza a incubar la concepción y la apuesta convergente de una serie de propósitos transformadores del Partido, que recogían el clamor de la base, no sólo juvenil sino adulta de nuestra militancia, para tener una nueva respuesta frente a la etapa que vivía el capitalismo mundial y que indudablemente nos tocaba en carne propia. Escritos teóricos, estudios en distintas partes del país, declaraciones de asambleas y parlamentarios, convenciones del Partido y otras propuestas, fueron las fuentes primigenias de este movimiento, que culminó con el gran encuentro de Concepción a mediados de 1969, que más tarde se materializaría en la creación de este referente político ideológico interno la JRR, como ariete transformador del ideario radical.
II.- NUESTRO POSTULADOS INICIALES.
En esta lucha hubo dos aciertos. El primero, no hubo ruptura con la dirección nacional del Partido y el segundo, dio origen a una profunda discusión interna, en todos los espacios partidarios, para incentivar nuestra propuesta, con respeto y tolerancia, pero también con audacia creadora y firmeza doctrinaria, sin dogmatismos ni sectarismos. Esta política, intuyó que había “disponibilidad transformadora” en una vasta parte del pueblo radical, de los trabajadores, intelectuales y estudiantes militantes. Incluso, fuera del Partido, esta idea liberadora caló fuertemente en el sentir nacional por nuestra tradición histórica y cultural, como por la maduración de condiciones internas y externas.
Con la formación de la Unidad Popular, se cristalizó nuestra idea de instrumento revolucionario dentro del radicalismo chileno. Empujamos, a través de la candidatura presidencial de Alberto Baltra Cortés, nuestras posiciones. Las consolidamos en el triunfo popular y, más tarde, con nuestros propios candidatos juveniles en las elecciones de Regidores del año 1971, para culminarla en las parlamentarias de 1973. A muchos de nosotros, nos tocó participar en la gestación de la candidatura de Salvador Allende, como en responsabilidades del Gobierno Popular, que supo abrir caminos y dejar lecciones inapreciables en la realidad agobiante de nuestros pueblos. Esa fue y sigue siendo para muchos, una experiencia imborrable de aprendizaje permanente, que no podemos olvidar fácilmente.
Por eso, nadie podría desconocer hoy lo que fuimos e hicimos en la vanguardia de ese Gobierno que también fue nuestro. El Partido Radical y la JRR, sus militantes, somos responsables del pasado con sus aciertos y errores. Fuimos constructores consecuentes con la Unidad Popular. Nosotros, los cuadros juveniles de dirección radical, empujamos con entusiasmo esa experiencia, frustrada por el asalto y la usurpación del poder y por las fuerzas extranjeras que desde Estados Unidos financiaron el golpe, con apoyo y complicidad interna, con las consecuencias que todo el mundo conoce.
Así fue, como nuestros postulados iniciales fueron: a) renovación ideológica del radicalismo chileno. Me refiero, a sacudirse, en cuanto fuese posible, de la influencia del mundo bipolar de la Guerra Fría, que impactaba negativamente contra la unidad del movimiento popular chileno. Significaba también, replantear la posición internacional del Partido en el campo del socialismo mundial y en particular en la Segunda Internacional como partido miembro, donde existían posiciones ambivalentes y contradictorias por las características de sus miembros; b) definir al radicalismo como un partido socialista y democrático, donde las concepciones del socialismo científico eran un instrumento metodológico de análisis de la realidad. Recogíamos con ello, las primeras ideas que a principios del siglo XX, Valentín Letelier esbozó en su polémica con Enrique Mac-Iver, sobre el papel del radicalismo chileno hacia el primer centenario de la República. Hoy, en el segundo centenario de la República, estas ideas mantienen una gran vigencia. Nuestra tarea, es reformularlas y readecuarlas a nuestra realidad sin renunciar a nuestros principios y c) trasformar al radicalismo como una organización de centro izquierda, aglutinadora de una alianza amplia de sectores con un proyecto político nuevo, nacionalista, innovador y revolucionario.
Con la formación de la Unidad Popular en enero de 1970, quisimos ver cristalizados esos postulados en su Programa de gobierno, Nosotros, jóvenes radicales revolucionarios de entonces, con dignidad y un altivo coraje, nos hicimos parte de una magia tormentosa. El triunfo de la primera experiencia socialista y democrática en el mundo.
El golpe de Estado, cercenó muchas de nuestras aspiraciones. Clausuró por 17 años la discusión política sobre la factibilidad de esa experiencia como JRR. La tragedia nos robó el futuro que tendremos que rescatar. Quedó inconcluso un debate, que solo hoy lo retomamos con mayor madurez, experiencia y sabiduría en nuestras mochilas de militantes y combatientes por un mundo mejor, más justo, más solidario y equitativo.
Fuimos unos convencidos que entre el dilema capitalismo o socialismo, era necesario luchar por el segundo para lograr una sociedad mejor y más justa. En la batalla de las ideas, al interior de nuestro Partido, ese fue siempre el rumbo y nuestro norte. Muchos hoy, arrepentidos, fugados del partido, conversos en las ideas, reconocen en privado y en voz baja, nuestra razón de ser como JRR y la profunda lucha por conducir al radicalismo a posiciones revolucionarias como los tiempos lo exigían. Fueron ideas que todavía hay que seguir depurando, desplegando con más fuerza y decisión que antes, con una mayor experiencia, sacando lecciones de la tragedia que la abyecta tiranía sembró en la sociedad chilena.
En síntesis, hay un debate al interior de nuestro Partido que está pendiente. Un debate de ideas, principios e ideología bajo nuevas realidades y condiciones. Se requiere de nuestra militancia, una alta generosidad, equilibrio, tolerancia para enfrentarlo. Lo que no se debe hacer, es renunciar a él, esgrimiendo razones baladíes que nadie comprendería. Le corresponde hoy al radicalismo, abrir las compuertas de las aguas represadas por años, para que éstas encuentren su justo cauce, se diseminen y rieguen las mentes de las nuevas generaciones de jóvenes radicales, que esperan ansiosos una respuesta a sus inquietudes como militantes y ciudadanos de un país, que debe enfrentar su realidad despejando mitos mediáticos y estereotipos ajenos a nuestra idiosincrasia nacional.
III.- EL PRESENTE ES DE LUCHA.
Hoy no debemos desmayar. Estamos en tiempo de ofensiva como antes, cuando hicimos frente al dilema cambiar o morir. Nuestra batalla es contra el neo-liberalismo, que ha castrado a nuestro pueblo y a América latina, esparciendo por el continente la desigualdad, la pobreza, la inseguridad y la vulnerabilidad de la democracia.
Hoy como militantes de esa JRR y del Partido Radical, debemos convocarnos para una nueva lucha, contra la injusticia y la exclusión social de nuestro pueblo, por reformas políticas modernizadoras del aparato institucional, que acerquen a los ciudadanos a una democracia participativa y protagónica y no meramente formal y representativa. La participación de la ciudadanía en la ampliación de la democracia, pasa por rescatar en la comunidad, la idea del diálogo, de la tolerancia entre los ciudadanos, de participación desde núcleos más pequeños para resolver sus problemas hasta fiscalizar los recursos públicos como el presupuesto municipal por ejemplo. A esto llamamos democracia participativa y social. Pero eso no es todo. Al Estado hay que descentralizarlo y hacerlo participativo al igual que a los intermediarios sociales que son los partidos.
El Estado autoritario de la dictadura no ha desaparecido en su totalidad. Hay que rehacerlo. Es una tarea de nuestra generación. Para lograrlo en democracia, no hay otra forma sino mediante un acuerdo político de largo alcance. Ese es el desafío pendiente que nuestro Partido Radical le debe al pueblo de Chile. El transformar la institucionalidad, abarca también a los partidos políticos y su práctica social, su forma de inserción en la sociedad, la necesidad de democratizar sus estructuras internas y hacerlas vinculantes, con una nueva y moderna realidad, cónsona con los avances del siglo XXI.
Nuestro Partido en esta lucha, tiene mucho que decir y hacer como en el pasado. El rescate de nuestro patrimonio histórico, sin vergüenzas ni amilanamientos, debe ser el principio de un largo camino que todavía nos queda por recorrer en la política chilena. Esta organización, con sus nuevas generaciones y sus simpatizantes, debe luchar como lo hicimos nosotros en la década de los años 60 del siglo pasado, para rescatar al radicalismo de alianzas agotadas en el tiempo. Ese es un dilema que debemos abordar y resolver con talento, audacia y creatividad política.
Es hora de definir y buscar nuestro propio perfil como organización, sin esconder nuestros principios, nuestra ideología por acomodos burocráticos, oportunismo político y afanes personalistas. Hay que debatir las nuevas condiciones que presenta la realidad. Debemos concentrarnos seriamente en un análisis estratégico y de prospectiva del Partido.
El respaldo ciudadano al radicalismo, se gana con trabajo y con organización, con creatividad, con audacia y coraje, sin renunciar a los principios ni a la ideología que es nuestro norte desde hace 151 años. Este desafío, lo deben encarar las nuevas generaciones de radicales, con conocimiento y firmeza como lo hicimos nosotros desde la JRR en momentos más difíciles que ahora.
Hoy debemos inventar frente a la nueva realidad del siglo XXI. El Partido Radical, su militancia, especialmente la juventud, deben construir una nueva alternativa como respuesta a los problemas económicos y sociales de la sociedad chilena, limitada en derechos fundamentales de educación, previsión, salud, cultura por mencionar algunos de tantos.
Es la tarea y el desafío. En lo económico se necesita un estado distribuidor, no de pobreza, sino de mejores ingresos, que le muerda espacios al capitalismo salvaje, que elimine la desigualdad y los desbalances económicos. Hay que crear y generar producción para la comunidad y no para los ricos y los conglomerados transnacionales. Hay que equilibrar la heterogeneidad de los intereses económicos y sociales con la participación autogestionaria de todos los chilenos haciendo convergentes diversas formas de propiedad y de relaciones de producción y consumo. No se trata de “tomar el cielo por asalto”, sino de revisar nuestros valores de justicia y equidad social aportando en el avance y construcción de una nueva fuerza política y social, capaz de romper el inmovilismo intelectual y político de nuestra sociedad.
En lo social, existen demandas sociales que atender y satisfacer adecuadamente. Saber hacerlo, constituye el mayor y más complejo problemas que debemos afrontar. Todavía Chile sufre de inequidad. Nuestro objetivo es alcanzar la justicia social, ampliando y profundizando la democracia social en todos los campos que le conciernen. Enfatizamos y creemos como Partido, que la conquista de la justicia social se fortalece en lo público, donde el interés colectivo en su acción político-social, toma progresivamente las decisiones claves para su desarrollo, estableciendo una corresponsabilidad entre el estado y la sociedad en su conjunto, como legítimo y efectivo poder ciudadano de participación y protagonismo. Por ello, enfatizamos en esta corresponsabilidad, la incorporación de nuevos actores, destacando la acción comunitaria, para formular, ejecutar y evaluar políticas públicas y rendición de cuentas, universalizar los derechos sociales con garantía de equidad, disminuir las brechas sociales de riqueza, ingreso y calidad de vida de nuestra población.
El debate político, a comienzos del siglo pasado, lo puso el radicalismo sobre la mesa: liberalismo o socialismo, con Mac-.Iver y Letelier. Hoy frente al Segundo Centenario, nuestro desafío debe ser, profundizar en el humanismo social, la solidaridad, la integración, la participación democrática, protagónica y refrendaría del pueblo en la toma de decisiones y la profundización de la descentralización. Estos deben ser nuestros lemas en el combate político.
Lo que está en juego en la sociedad latinoamericana, es el humanismo social y solidario, frente a la injusticia creciente, frente a la exclusión social y los fundamentalismos e integrismos dogmáticos, alentados por la sociedad de mercado neo-liberal.
En el siglo XXI, el Segundo Centenario de Chile, requiere de un Partido Radical moderno, sin los viejos vicios del pasado, depurado de caudillismos, personalismos y egoísmos ramplones. Nuestra tarea, es construir un instrumento crítico y revolucionario, con valores éticos irrenunciables. Todo ello amparado en nuestro legado histórico como el mejor aval para las nuevas generaciones.
IV.- PROPUESTAS GENERALES.
Corresponde formular las siguientes propuestas generales para fortalecer la vanguardia política que necesitamos:
1.- Crear el Departamento de Doctrina, con la publicación periódica de documentos de filosofía, doctrina y política del Partido Radical..
2.- Realizar Foros semestrales por región para capacitación y desarrollo del pensamiento radical en nuestros militantes y simpatizantes.
3.- Cada Asamblea Radical realice, por lo menos una vez al mes, un reunión de formación radical y conocimiento histórico y constitucional del país.
4.- Publicar una revista semestral y divulgar la historia del radicalismo en la perspectiva de los nuevos desafíos políticos.
MANOS A LA OBRA. ES NUESTRO TIEMPO.
RADICALES: RECONQUISTAR NUESTRO ESPÍRITU FUNDACIONAL REVOLUCIONARIO.
RADICALES: SIEMPRE DE PIE…. JAMÁS DE RODILLAS
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*Abogado. Ex dirigente JRR. Profesor Investigador. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Central de Venezuela
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